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Menudo Panorama

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Por Pedro Santa Brígida

Gatillazo sindical


Las concentraciones convocadas el pasado domingo por UGT y CCOO en toda España para protestar por lo ocurrido con el famoso decreto ley ómnibus resultaron un estrepitoso fracaso. Poco se ha hablado de ello. Las cifras de asistentes resultaron ridículas, decepcionantes en todas las ciudades para los sindicatos y un toque de atención a sus líderes, que creo deberían reflexionar con autocrítica sobre el por qué del pinchazo. Por cierto, la adversa climatología no tuvo nada que ver.

Mantener la convocatoria, cuando el Gobierno ya había decidido trocear el decreto y dos de los partidos que votaron no al ómnibus, PP y Junts, anunciaron que apoyarían las medidas sociales, resultó un evitable error. Las cúpulas de las organizaciones sindicales consideraron que dar marcha atrás sería aún peor. El relato se volvió contra ellos. Hay que pisar más la calle.

Las caras de Pepe Álvarez y Unai Sordo en Madrid o las de Óscar Lobo y Vicente Andrés en Valladolid eran más que elocuentes. No es que esperaran un abrumador gentío, pero tan escaso aforo resultaba un significativo gatillazo público. Quitando a liberados sindicales, familia y amigos y algunos cargos del PSOE, Sumar o IU poco más que añadir a la tropa defensora de "con los derechos no se juega", lema de la manifestación.

Durante las mini concentraciones celebradas por todo el territorio nacional, los oradores de CCOO y UGT instaron – con la boca pequeña – al Gobierno a incluir la denominada agenda social en los presupuestos generales del Estado. En otros tiempos, lo habrían hecho sacando toda su artillería a las calles de este país. Las principales críticas fueron para Feijóo, el malo de la película. Ya saben, según quien gobierne, así me manifiesto…

Las cacareadas mayorías sociales no son más que una pose dialéctica y electoral. La inmensa mayoría de los ciudadanos están, por supuesto, a favor de las mejoras que facilitan la vida de quienes usan el transporte público, de las víctimas de la Dana en Valencia o de la subida de las pensiones. El tema de las 37,5 horas semanales, que se introdujo como reclamo en los discursos, es otro cantar, según han manifestado reiteradamente los empresarios españoles (y con tanto neoliberal en el Gobierno, se queja Yolanda Díaz). Trabajar menos horas y jubilarte unos años más tarde… menudo plan. Y a todo esto, qué opinan los autónomos.

En realidad, el origen de la protesta era, dejando a un lado a Puigdemont, afear al PP su no al decreto ómnibus, es decir una movilización contra la oposición al Gobierno. Ver para creer. ¿Cuántas movilizaciones callejeras han convocado UGT y CCOO desde que gobierna Pedro Sánchez? Pues eso. Los sindicatos mayoritarios, al margen de su conocida adscripción ideológica, tienen todo el derecho a elegir su filiación política del momento, pero que acepten y entiendan después las críticas a su quehacer o, en su caso, a su inmovilismo.

Hubo un tiempo, no hace tanto, en el que los sindicatos mayoritarios, al margen de sus orígenes, mantenían su propia independencia política, pactaban o pugnaban con unos u otros gobiernos, según el grado de entendimiento en el ámbito laboral, en cuanto al incremento de los derechos de los trabajadores. Ahora se han convertido, entiendo que por los tiempos que corren y por voluntad propia, en otro tipo de organizaciones, que por cierto no gozan de buena opinión por parte de la ciudadanía, a decir por las encuestas del CIS.

Los grandes sindicatos se han acomodado, están tan pegados al poder que ya no hay reivindicación alguna por los salarios basura, el paro juvenil o el precio de la energía, tal y como hacían antaño. Que gobierne la izquierda no les sienta nada bien. Demasiado compadreo.