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En el verano del 480 a.c. el rey Leónidas comandaba un pequeño ejército para luchar contra la invasión persa en Grecia. Un soldado rechazado, Efialtes, no soportó la negativa de su rey a participar en la contienda y delató a los persas la posición de sus colegas en el paso de las Termópilas a cambio de lujos y mujeres. Los espartanos murieron allí.
En psicología existe un término que explica el comportamiento detrás de cualquier traición o mentira, se llama disonancia cognitiva. En tiempos de Freud ya se sabía que todos los comportamientos humanos están anclados fuertemente en el inconsciente de tal modo que, por mucho que nos lo propusiésemos no podríamos engañarlo. Es decir, por mucho que una persona asegure darle igual la opinión de los demás el sentimiento que subyace detrás de ese comentario es bien distinto. Solo finge que le da igual porque enfrentar la realidad le resultaría doloroso y prefiere fingir otra realidad alternativa y por todos los medios anclarse a ella. Pero eso rara vez sucede, por mucho que queramos traicionar a nuestra psique, esta sabe lo que es común a todos los seres humanos y no hay manera de engañarla, tarde o temprano el inconsciente, aquel lugar oculto donde se almacenan todas nuestras vivencias nos recordará todo aquello que hicimos y nos sentiremos mal por ello. Es por esto que tantas personas en su etapa adulta tienen que acudir a centros de psicología para reparar el daño que se hicieron incluso décadas antes.
Nunca te conviertas en Efialtes. Nunca creas que una mentira es algo que te favorecerá porque a la larga verás cómo de alguna manera que no llegarás a comprender las personas que te rodean sabrán que no eres alguien de quien uno pueda fiarse. La traición de Efialtes tuvo que ver con la codicia, con una vida de lujos, ¿cuál es el motivo por el que tú traicionarías a alguien?
Podrías empezar preguntándote por qué necesitas mentirle a la gente. De la misma forma que un arquitecto que diseña un edificio para que aguante en pie durante décadas se tiene que preguntar cómo, dónde y para qué va a diseñar su edificio, tú tendrás que preguntarte para qué quieres construir una vida en la que las mentiras se llevan una parte importante de tu cultura y de tu tiempo. Quizás tuviste una infancia difícil y se te hace insoportable la idea de que alguien descubra que eres vulnerable. Quizás has aprendido que si mientes bien puedes llegar lejos sin esforzarte demasiado. Sea cual fuere tu motivo decides mentir en lugar de enfrentarte a la verdad y quedar expuesto al dolor y al sufrimiento que implica dar la cara y mostrarte como eres ante el mundo.
Yo sé, al igual que tú, que el cielo no llega solo y que uno tiene que ganarse su entrada en él dejando de hacer cosas malas, para empezar. Lo que no significa que te conviertas en una persona aburrida que no sabe aprovechar las oportunidades. ¿Crees que Neil Armstrong o Cristiano Ronaldo llegaron hasta la cima de sus respectivas carreras haciendo creer lo que no son? Lo que han tenido que demostrar para llegar a donde llegaron es mucho más que el resultado de la casualidad.
Es el engaño lo que hace que las personas terminen creando miseria y devastación. El engaño es lo que convirtió a posibles héroes en gente reprochable que un día prometió algo que después no cumplió y terminó por destrozarle los sueños, la confianza o la vida a alguien. La buena noticia es que hay vida más allá de querer aprovecharlo todo a cualquier precio. De hecho es uno de los signos de mayor confianza en uno mismo que se puedan obtener hoy por hoy en la sociedad. Una persona segura de sí misma, ¿buscaría trucos para librarse de un conflicto o confiaría tanto en sí mismo y en sus habilidades como para no temerle a nada ni a nadie? ¿Quién hace esto? Obviamente quienes disfrutan de ser fieles a sus valores, porque la percepción que tienen de ellos mismos está por encima de cualquier posible recompensa que pudiera venir de la mentira y el engaño. El respeto que se tienen es inquebrantable, ¿para qué iban a violar sus propios valores y pensar que eso les llevaría a sentirse mejor? Cuando sabes quién eres y realmente te sientes orgulloso de ello lo último que se te va a ocurrir es andar por la vida mostrando una cara que no tienes. Eres lo que eres, te sientes bien siendo así y no vas a hacer nada por debajo de esa sensación.