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Por Emilio Rodríguez García

Dispositivos en el aula: ¿Herramienta educativa o distracción peligrosa?


Siete autonomías en España regularán el uso de las pantallas en los colegios: el objetivo es usar más el papel y pasar menos horas en entornos digitales.

Si hay un debate que puede encender pasiones entre padres, profesores y adolescentes, es el de los dispositivos digitales en las escuelas. La tecnología ha llegado para quedarse, pero ¿debería ser bienvenida en las aulas o dejada en la puerta como si fuera un chicle?

No son pocos los estudios que avalan que no es lo mismo leer en papel que en una pantalla y que lo que escribimos a mano nos ayuda a afianzar el conocimiento. Nuestro cerebro no procesa el papel de la misma manera que lo digital. Es un hecho más que probado, por eso no puedo más que agradecer el valiente paso dado por los políticos implicados y sus asesores.

El valor de la enseñanza es el legado que estamos dejando a nuestros hijos. Garantizar que la hacemos bien es clave para su futuro.

Los datos son claros: un adolescente recibe en promedio 237 notificaciones diarias y usa su teléfono durante la jornada escolar por aproximadamente 43 minutos. Eso significa que cada día, los estudiantes pierden un 10% del tiempo lectivo en deslizar, responder y revisar mensajes.

El impacto académico es tangible. En las escuelas que han optado por prohibir los teléfonos, las calificaciones han mejorado hasta un 6%. Además, al eliminar la distracción constante, los estudiantes pueden enfocarse mejor en sus tareas y mejorar sus hábitos de aprendizaje.

También está el argumento de la salud mental, del que ya hemos hablado en este espacio alguna vez. La sobreexposición a las redes sociales y la dependencia del teléfono pueden aumentar la ansiedad, afectar la autoestima y reducir la capacidad de concentración a largo plazo.

Probemos y aprendamos. Es el mejor camino.